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HOMENAJE A ANTONIO BERNI

Por Ernesto Sabato (Escritor Argentino)

Berni fue un artista genial, un gran poeta de la pintura. El nos entregó un mundo de trascendente belleza y hondura que sacude los cimientos de nuestra propia realidad, como únicamente el arte puede hacerlo. Sus cuadros, habitados por hombres y mujeres de pueblo, modestos trabajadores o angustiosos desempleados que luchan en un mundo devastado por la crueldad y la injusticia, paradógicamente nos engrandecen. Por la inefable ternura que expresan, por la muda aceptación del destino, por su humanidad. Por un misterioso don sagrado, el arte adquiere, a través de su paleta, cálida, vital, poderosa, el tono excelso de la poesía.

Tantas veces estas mismas palabras se las dije al gran amigo que fue, en esas tardes que compartíamos, inolvidables para mí, en su taller cercano al Parque Rivadavia, Berni gustaba de hablar, con su extraordinaria sensibilidad, de cómo en el arte se concilia la realidad y el sueño, lo más noble y lo más tremendo del ser humano. A veces, hasta altas horas de la madrugada quedábamos meditando en estos temas que nos apasionaban. Sobre los movimientos de vanguardia, sobre el arte abstracto, que los dos rechazábamos en su pretensión de haberlo superado todo. Siempre terminábamos reflexionando sobre este país, querido y angustiante, quejándonos de situaciones de pobreza que hoy parecen de prosperidad, tal es la miseria en la que hemos caído.

Antonio Berni participó activamente en las vanguardias de su época y supo abandonarlas cuando éstas revelaban sus limitaciones, alejándolo de lo que él consideraba la verdad para su vida y su obra. Hacia mediados de la década del treinta, desolado ante los hechos de injusticia, marginalidad y pobreza del país, vuelca su emoción en obras de estremecedora belleza. Desocupación, Manifestación,Chacareros son algunos de los trabajos realizados dentro de la concepción del Nuevo Realismo. Influenciado por el muralismo mexicano, fundó entonces este movimiento junto a los compañeros de las luchas políticas y sindicales. Aquella experiencia innovadora en la corriente artística de Latinoamérica nada tenía en común con la doctrina de cierto realismo cuyo propósito era pintar algo "tal cual es", como si hubiese un mundo que pudiera ser manifestado independientemente de nuestras emociones. Según esta doctrina, que pretende ser realista, el arte debía ser reflejo de la sociedad, olvidando que cada vez que alguien ha querido imponer el dogma de la realidad objetiva y racional, lo que acabó produciéndose es una forma del viejo naturalismo burgués, una de las variantes más vulgares y triviales de esa estética que no sólo es superficial, sino además refractaria a cualquier auténtico creador.

Por aquellos años muchos consideraron la pintura de Berni como un "arte de denuncia", y en cierto sentido lo es, en el sentido de que al arte nada verdaderamente humano le es ajeno. Pero el tenía el convencimientode que el creador no obedece a ningún tipo de imposición ideológica. La desolación y el desamparo de sus criaturas surgen de quien hondamente ha penetrado en el corazón del hombre.

Hacia la década del sesenta comenzó su reconocida serie de trabajos, pinturas y collages sobre la vida de Juanito Laguna, a la que al poco atiempo se sumaría el personaje de Ramona Montiel.Al contemplar aquellos cuadros algo nos hiere la mirada impidiéndonos permanecer pasivos, simples espectadores. El artista verdadero no está preocupado por la pura belleza, el gran arte siempre es trágico, basta recordad a Dostoievski, Shakespeare, Hyeronimus Bosch, Goya, y hasta ciertas obras de Donatello, Kierkegaard afirmó, con razón, que la categoría metafísica es la más alta y esta por encima de la categoría estética. Y en universo pictórico de Berni, a menudo, el llanto, la madera quemada, un barrilete, adquieren, por su tratamiento, envergadura existencial y metafísica.

Berni pertenecía a esa raza de artistas cuyo espíritu libre, desafiante, traspasaba lo meramente anecdótico, hasta convertir a sus personajes en verdaderos arquetipos. Juanito Laguna en rigor es cada uno de nosotros, todos. Una de esas máscaras que según Nietzche hacen falta para revelar las atroces verdades.

Cuando ví por primera vez sus cuadros, quedé impregnado por el amor que Berni sentía hacia el hombre de pueblo. Desde entonces tuve el deseo de poder hacer algo en conjunto. Cosa que finalmente logramos, tomando como punto de partida algunos personajes de Sobre Héroes y Tumbas y Abaddón.Siempre recordaré la total disposición con que generosamente llevó a cabo ese trabajo. Con el vigor que caracteriza a su pintura retrató a aquellos seres simples, casi analfabetos, pero en los que ambos encontrábamos una esperanza inquebrantable frente a la desdicha. No a pesar de sus sufrimientos sino, precisamente, por ese constante y desventurado contacto con la amargura y el desamparo. Su interpretación de mis personajes de ficción resulta hasta el día de hoy insuperable.

Fue para mí un gran honor compartir más de treinta años de amistad con Antonio Berni. En uno de nuestros últimos encuentros seguía pintando en su viejo taller con la desenfrenada pasión de siempre. Trabajaba entonces en el famoso cuadro Cristo en el garage. En aquel cuerpo desnudo, lacerado por la violencia exasperante, se revelaba una vez más la esencia de su genio artístico, desgarradoramente humano.

Extraído de Proyecto Cultural Arte para Todos/Banco Velox

18/11/2007 11:44 Contertulios #. LITERATURA

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