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¿Y QUIÉN ES ESE JAMES JOYCE?

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Pues es uno de los creadores de una técnica de escritura conocida como monólogo interior o flujo de conciencia y quien incidiría enormemente, de alguna forma, en los autores de la América hispana del Siglo XX agrupados en lo que se conoció como el boom latinoamericano.

Joyce nació en Dublín (Irlanda) en 1882. Su vida no fue precisamente un camino de rosas, pues tuvo que sobrevivir mucho tiempo con la ayuda de sus amigos y benefactores anónimos que creyeron en su potencial como escritor. Arrastró una vida de fatiga y afanes por varias ciudades de Europa, junto con su esposa Nora y sus hijos Giorgio y Lucía. En ciudades como Trieste (Italia),  Zurich (Suiza), París (Francia) intentó sobrevivir como profesor de inglés e italiano, a la vez que se comprometía en empresas fallidas como la de importar tejido de lana a Italia.

No obstante esta vida irregular, por decir lo menos, Joyce tuvo oportunidad de conocer o frecuentar a escritores que se convertirían en los más representativos del Siglo XX como Proust, Yeats, Ezra Pound y Samuel Beckett, quien, con sus crítica afirmativa, dio un gran espaldarazo a la obra del irlandés.

 

En medio de los altibajos de su vida, Joyce fu componiendo las obras que luego le darían un sitial en la literatura universal: Dublineses, Retrato de un artista adolescente y, sobre todo, Ulises.

Según el crítico español Francisco García Tortosa, Ulises es una de las novelas más influyentes, discutidas y renombradas del siglo XX; unos tienen referencias de ella porque siempre ha estado rodeada de escándalo, otros por su poderoso carácter vanguardista, por su creatividad verbal, la mayor después de Shakespeare, por haber sido la descubridora de las interioridades del hombre moderno. También ha recibido comentarios de muy distinto signo, por lo que la crítica, casi cien años después de su publicación, sigue sin ponerse de acuerdo sobre su significado.

José María Valverde hace referencia al enorme poderío verbal de Joyce y a la gran dificultad de la lectura de Ulises. Su autor, gran poeta, disfrutaba de una poderosa memoria verbal e incorporó a la obra innumerables asociaciones lingüísticas, citas literarias, trozos de óperas, canciones, vocablos extranjeros, chistes y juegos de palabras, términos teológicos y científicos..., a todo lo cual hay que añadir que cada capítulo o fragmento de la novela está escrito en un estilo distinto: monólogo interior, imitación de inglés arcaico, del lenguaje periodístico, teatral, hasta del esquema de preguntas y respuestas del catecismo. Para Nabokov, este constante desplazamiento del punto de vista aporta a la obra «un conocimiento más variado, un vislumbre más fresco y vivo de este o aquel aspecto». (En: http://es.wikipedia.org/wiki/Joyce)

Por otra parte, “La crítica internacional coincide en valorar la figura de James Joyce como una de las más importantes e influyentes en la cultura literaria del siglo XX, al lado de las de Franz Kafka, Marcel Proust, Jorge Luis Borges o William Faulkner.”

Después de alcanzar la consagración definitiva y huyendo de la ocupación nazi, los Joyce se refugiaron en Zurich donde el autor de Ulises fallecería el 13 de enero de 1941.

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