Sonetos a Orfeo de Rilke

SONETOS A ORFEO
PRIMERA PARTE
1
¡Y un árbol se elevó!.¡Oh, ascenso puro!.
¡Orfeo canta!.¡Oh, árbol en mi oído!.
Se hizo silencio. Y hasta en él, no obstante,
hubo un nuevo comienzo: signo y cambio.
Del claro bosque, bestias de silencio
salieron de sus nidos y guaridas;
y entonces ocurrió que no por miedo
ni por ardid se estaban tan calladas,
sino por escuchar. Gritos, rugidos,
parecían mezquinos a sus pechos.
Y donde había apenas una choza
para acogerlo, cueva del deseo
con entrada de estacas tambaleantes,
ahí, les creaste un templo en el oído.
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Escultura: "El beso" de Rodin
Museo Rodin de París
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