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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2011.

J. R. R. TOLKIEN, “EL SEÑOR DE LOS ANILLOS”

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Tolkien no es un hombre que haya realizado grandes aventuras o ejecutado grandes odiseas. Si bien es cierto que fue combatiente en la Primera Guerra Mundial, más bien lo hizo como lingüista y descifrador o creador de códigos, especialista en lenguaje de signos y oficial de comunicaciones.  Porque para eso tenía una virtud especial, pues se pasó gran parte su vida inventando alfabetos y lenguajes. Estuvo en Francia durante la guerra,  hasta que contrajo la llamada “fiebre de las trincheras”, lo cual obligó a que lo trasladaran a Inglaterra y eso, quizás, lo salvó de una muerte temprana, pues la mayoría de sus compañeros de unidad murieron en batalla.

Después de la guerra, lo encontramos como lexicógrafo asistente en la redacción del prestigioso Oxford English Dictionary, aun cuando ya antes había empezado a trabajar en la redacción de lo que él llamó El libro de los cuentos perdidos. «Desde su adolescencia, Tolkien había empezado a escribir una serie de mitos y leyendas sobre la Tierra Media, que más tarde darían lugar a El Silmarillion —previamente denominado El libro de los cuentos perdidos (echaba en falta en su país una mitología del carácter de la griega, por ejemplo, y se proponía inventar «una mitología para Inglaterra»). Se supone que dichos relatos se inspiraron en un cuento publicado en 1927 por Edward Wyke-Smith titulado El maravilloso país de los snergs (también el Kalevala finlandés, las sagas escandinavas y, en general, un poco de toda la mitología europea de cualquier origen).»

Este hombre de una profunda y sincera religiosidad y quien había nacido en Suráfrica el 3 de enero de 1892, fue filólogo, poeta, escritor y profesor universitario británico. Además con obras como El hobbit  y El señor de los anillos, Tolkien revitalizó la literatura fantástica constituyéndose en el autor de novelas clásicas de alta fantasía.

John Ronald Reuel Tolkien falleció el 2 de septiembre de 1973 en Bournemouth, Inglaterra, dejándonos esa gloriosa saga de El señor de los anillos que el cine se encargó de recrear maravillosamente.

(Imagen de Google)

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02/09/2011 11:51 Jorge Gomez Arias #. LITERATURA No hay comentarios. Comentar.

GEORGES SIMENON Y “EL INSPECTOR MAIGRET”

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La evolución de la novela policiaca y, sobre todo, la intrepidez y a veces crudeza con la que la presenta el cine, han hecho olvidar la simpleza, que no ingenuidad, con la que Georges  Simenon construyó sus tramas.  «A diferencia de muchos autores de hoy, quienes intentan construir una intriga lo más compleja posible -como en un juego de ajedrez- Simenon propone una intriga simple, con un argumento y personajes definidos, y un héroe dotado de humanidad, obligado a ir al borde de sí mismo, de su lógica. El mensaje de Simenon es complejo y ambiguo: ni culpables ni inocentes absolutos, sólo culpabilidades que se engendran y se destruyen en cadena. Las novelas del escritor sumergen al lector en un mundo rico de formas, colores, olores, ruidos, sabores y sensaciones táctiles; al que se entra desde la primera frase...» (http://es.wikipedia.org/wiki/Georges_Simenon)

 

Simenon es el creador de un personaje de fábula, el inspector Maigret, que se aleja bastante de otros personajes creados por insignes novelistas del género policiaco como Agatha Christie (el inspector Poirot), Arthur Conan Doyle (Sherlock Holmes) y,  si nos vamos mucho más lejos, Ian Fleming (James Bond).  «Jules Maigret fue el protagonista de 78 novelas y 28 cuentos, y es uno de los detectives literarios más recordados por los lectores y, sin duda, el más querido. Abrió el camino del policial europeo -ese que se distanció tanto de la novela inglesa de enigma como de la novela negra norteamericana para instalarse en un clima de pequeños cafés y tabernas, en fondas que guardan el olor de muchos guisos, en pensiones y arrabales menos violentos que sórdidos o melancólicos. Maigret es el rey indiscutible de ese ambiente, y podríamos afirmar que es él mismo quien lo construye, en tanto son siempre su perspectiva y su universo moral los que tenemos al transitarlo. Es probable que el notable éxito de la serie, que la simpatía y el afecto conquistados por el personaje, y el respeto obtenido por su creador, Georges Simenon, se apoyen en la sólida legalidad que el comisario de la Policía Judicial va desplegando a su paso, y que, aún ahora, pasados tantos años, sigue impermeable a las objeciones políticamente correctas, a los reclamos de veracidad y a las exigencias de precisión que amenazan a tantos mundos ficticios.»

(En: Platero, Soledad. http://confrariadospoetasdejaguarao.blogspot.com/2011/08/el-inspector-maigret-resenha-de-soledad.html)

 

Georges Simenon nació en la ciudad belga de Lieja, el 13 de febrero de 1903, además era viernes. Se dice, entonces, que por superstición, su familia prefirió declarar el 12 de febrero como el día oficial de su nacimiento. No puede negarse, pues, que su vida estuvo precedida por el misterio. Es más, por parte  de su madre, procedía de Gabriel Brühl, agricultor y criminal de la banda de los verts-boucs que azotó Limburgo a partir de 1726, desvalijando granjas e iglesias durante el régimen austríaco, y que terminó colgado en septiembre de 1743 en el Patíbulo de Waubach. Esta ascendencia explica quizás el particular interés del comisario Maigret por las gentes sencillas convertidas en asesinos.

 

«En enero de 1919, en abierto conflicto con su madre, Simenon debuta como reportero de la sección de sucesos del periódico conservador La Gazette de Liège, dirigido por Joseph Demarteau tercero. Esta etapa periodística fue para el joven Simenon, a la edad de dieciséis años, una experiencia extraordinaria que le permitió conocer los recovecos de una gran ciudad, tanto en la política como en la criminalidad; asimismo, pudo adentrarse en la vida nocturna, conoció los ambientes marginales de los bares y de las casas de paso, y aprendió a redactar de manera eficaz. Escribió más de 150 artículos bajo el seudónimo « G.Sim ». Durante este periodo se interesó particularmente en las investigaciones policiales y asistió a conferencias sobre el método policíaco científico, impartidas por el criminalista francés Edmond Locard.» (http://es.wikipedia.org/wiki/Georges_Simenon)

 

A comienzos de los años 70 abandonó la ficción para escribir preferentemente textos autobiográficos, entre ellos “Memorias Íntimas” (1981). El último título con Maigret de protagonista fue “Maigret y El Señor Charles” (1972). George Simenón murió en la ciudad suiza de Lausana el 4 de septiembre de 1989. Tenía 86 años.

 

Como muestra de su prolijidad literaria, algunas de sus obras vertidas al español son:

  • Pietr el letón (Pietr-le-Letton) (1931)
  • El ahorcado de la iglesia (Le pendu de Saint-Pholien) (1931)
  • El asesino del canal (Le charretier de la Providence) (1931)
  • El perro canelo (Le chien jaune) (1931)
  • La noche de la encrucijada (La nuit du carrefour) (1931)
  • Maigret y su muerto (Maigret et son mort) (Diciembre de 1947)
  • La primera investigación de Maigret (La première enquête de Maigret, 1913) (1948)
  • Las memorias de Maigret (Les mémoires de Maigret) (septiembre de 1950)
  • El revólver de Maigret (Le revolver de Maigret) (junio de 1952)
  • Maigret y el hombre del banco (Maigret et l’homme du banc) (1953)
  • Maigret en la escuela (Maigret à l’école) (diciembre de 1953)
  • Maigret y el caso del ministro (Maigret chez le ministre) (agosto de 1954)
  • Un fracaso de Maigret (Un échec de Maigret) (marzo de 1955)
  • Los escrúpulos de Maigret (Les scrupules de Maigret) (diciembre de 1957)
  • Maigret y los testigos recalcitrantes (Maigret et les témoins récalcitrants) (1958)
  • Maigret y los ancianos (Maigret et les vieillards) (junio de 1960)
  • Maigret y el ladrón perezoso (Maigret et le voleur paresseux) (enero de 1961)
  • Maigret y las buenas personas (Maigret et les braves gens) (septiembre de 1961)
  • Maigret y el cliente del sábado (Maigret et le client du samedi) (febrero de 1962)
  • Maigret y el caso Nahour (Maigret et l’affaire Nahour) (febrero de 1966)
  • Maigret y el asesino (Maigret et le tueur) (abril de 1969)
  • Maigret y el mayorista de vinos (Maigret et le marchand de vin) (septiembre de 1969)
  • La loca de Maigret (La folle de Maigret) (mayo de 1970)
  • Maigret y el hombre solitario (Maigret et l’homme tout seul) (febrero de 1971)
  • Maigret y el confidente (Maigret et l’indicateur) (junio de 1971)
  • Maigret y Monsieur Charles (Maigret et Monsieur Charles) (febrero de 1972)

(Imagen tomada de Google)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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04/09/2011 15:13 Jorge Gómez A. #. LOS OLVIDADOS No hay comentarios. Comentar.


DESCONOCIMIENTO

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Por las casas

irá entrando la luz

del tiempo del verano,

o el calor de los incendios

cuando no se entiende

el corazón en una balanza.

¡Oh, tiempo!

con el deseo de descifrar las palabras.

¡Oh, espacio!

con significados

pero sin habla.

(Imagen de Google)

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10/09/2011 12:00 Jorge Gomez Arias #. POESÍA Y CANTOS No hay comentarios. Comentar.

ROMANCE DE LAS DOS TORRES

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En la capital del mundo

donde vive la moneda

en esa ciudad terrible

que un día cantó el poeta

y vive una libertad

de dura y de fría piedra

han derribado dos torres

que entre escombro y polvareda

han hecho temblar la vida

han hecho temblar la tierra

 

quién iba a decirles a ellos

los señores de la guerra

los que han llenado de muerte

de esquina a esquina el planeta

quien iba a decirles a ellos

con su omnipotente fuerza

con su escudo antimisiles

sus bancos y fortalezas

que un día correría la sangre

por sus grandes alamedas

que el odio desgarraría

el mármol de sus aceras

sus templos de la lujuria

su piel de barras y estrellas

 

han llegado a sus palacios

y se han roto sus vidrieras

pero no es suya la sangre

ni la muerte ni la pena

no mueren uniformados

ni señores de alta esfera

muere la gente de a pie

muere la gente cualquiera

 

y ahora su dios genocida

de ceros a la derecha

desenvaina su guadaña

sus garras de herida bestia

la libertad en su bahía

agita su antorcha pétrea

rugen tanques y aviones

tiritan las bayonetas

sus trompetas vengativas

suenan a danza guerrera
y mientras allá a lo lejos

donde aprieta la miseria

los niños de Afganistán

entre otros escombros juegan

sin saber que llegarán

aviones de tristeza

y que tendrán que morir

sin saber ni tan siquiera

que han derribado dos torres

donde vive la moneda

que han hecho temblar la vida

que han hecho temblar la tierra.

(Paco Doblas. España.

14/septiembre/ 2001)

Imagen de Google

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11/09/2011 19:03 PACO DOBLAS #. POESÍA Y CANTOS No hay comentarios. Comentar.

¡VIVA VÍCTOR JARA POR SIEMPRE!

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No sé si fue estupor, dolor, furia, impotencia o todo ellos junto lo que sentí cuando me enteré del asesinato de Víctor Jara. Una de las ignominias más afrentosas, entre todas las cometidas por el brutal régimen de Augusto Pinochet en Chile en la década de los 70.

Anque muy doloroso, reproducimos este reportaje porque también nos presenta un marco historico en el que sucedieron estos criminales acontecimientos. ¡Viva Víctor Jara, por siempre!

«¡ay,  que ser más infeliz el que mandó disparar sabiendo cómo evitar una matanza tan vil!» (Víctor Jara, “Preguntas por Puerto Montt”)

’La muerte lenta de Víctor Jara’ es un reportaje del suplemento ’Domingo’ del 6 de diciembre de 2009.

«Cansados y con sus manos entrelazadas en la nuca, los 600 académicos, estudiantes y funcionarios de la Universidad Técnica del Estado (UTE) tomados prisioneros por los militares golpistas iban entrando al Estadio Chile, un pequeño recinto deportivo techado cercano al palacio de La Moneda. Un oficial con lentes oscuras, rostro pintado, metralleta terciada, granadas colgando en su pecho, pistola y cuchillo corvo en el cinturón, observaba desde arriba de un cajón a los prisioneros, que habían permanecido en la universidad para defender el Gobierno del presidente socialista Salvador Allende. Era el 12 de septiembre de 1973, día siguiente del golpe militar, en el alba de la dictadura de 17 años encabezada por el general Augusto Pinochet.

Con voz estentórea, el oficial repentinamente gritó al ver a un prisionero de pelo ensortijado:

-¡A ese hijo de puta me lo traen para acá! -gritó a un conscripto, recuerda el abogado Boris Navia, uno de los que caminaba en la fila de prisioneros.

"¡A ese huevón!, ¡a ése!", le gritó al soldado, que empujó con violencia al prisionero. "¡No me lo traten como señorita, carajo!", espetó insatisfecho el oficial. Al oír la orden, el conscripto dio un culatazo al prisionero, que cayó a los pies del oficial.

-¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda! -gritó el oficial. Navia rememora. Es uno de los testigos del juez Juan Fuentes, que investiga el asesinato del cantautor, uno de los crímenes emblemáticos de la dictadura, porque Jara fue con su guitarra y con sus versos el trovador de la revolución socialista del Gobierno de Allende en Chile. Por su impacto y la impunidad en que están los culpables, el crimen de Jara es en Chile el equivalente al asesinato de Federico García Lorca en España.

"Lo golpeaba, lo golpeaba. Una y otra vez. En el cuerpo, en la cabeza, descargando con furia las patadas. Casi le estalla un ojo. Nunca olvidaré el ruido de esa bota en las costillas. Víctor sonreía. Él siempre sonreía, tenía un rostro sonriente, y eso descomponía más al facho. De repente, el oficial desenfundó la pistola. Pensé que lo iba a matar. Siguió golpeándolo con el cañón del arma. Le rompió la cabeza y el rostro de Víctor quedó cubierto por la sangre que bajaba desde su frente", cuenta a este periódico el abogado Navia.

Los prisioneros se habían quedado pasmados mirando la escena. Cuando el oficial, conocido como El Príncipe y hasta hoy no identificado con plena certeza, se cansó de golpear, ordenó a los soldados que pusieran a Jara en un pasillo y que lo mataran si se movía. El autor de canciones como El cigarrito y Te recuerdo Amanda, que Serrat, Sabina, Silvio Rodríguez y Víctor Manuel han incorporado en sus repertorios, entró así al campo de prisioneros improvisado por los militares donde vivió sus últimas horas.

Muchos recordaron a Jara con emoción esta semana, cuando su viuda e hijas y la fundación que lleva su nombre organizaron el funeral que no pudo tener en 1973, la despedida popular que merecía, para sepultar los restos del cantautor, exhumados en junio por orden del juez y devueltos a la familia después de una nueva autopsia, que confirmó las huellas de bala y torturas.

El ensañamiento con Jara fue uno de los signos de la dictadura de Pinochet (1973-1990), que truncó con brutalidad el Gobierno de Allende y los sueños socialistas, dejando un reguero de más de 3.200 muertos y desaparecidos, alrededor de 30.000 torturados y decenas de miles de exiliados. El Chicho, como era conocido Allende, un médico socialista y masón, había llegado a la presidencia en 1970, en su cuarto intento, con el 36% de los votos, encabezando la Unidad Popular, la coalición que reunía a la izquierda chilena en un arco multicolor.

Con un programa que ofrecía reforma agraria, medio litro de leche diaria para los niños y la nacionalización del cobre, principal riqueza de Chile, en manos de empresas norteamericanas, la victoria de Allende en las urnas, la primera de un marxista en Occidente en plena guerra fría, sorprendió a Estados Unidos e insufló esperanzas en muchos países, incluidos los opositores de Franco en España. Un irritado presidente Richard Nixon ordenó en la Casa Blanca intensificar las acciones desestabilizadoras.

Pero en Chile se vivían tiempos de efervescencia. Las movilizaciones sociales iban en ascenso y con Allende en La Moneda, el Gobierno ganó apoyo en las urnas en lugar de perderlo. El cerrojo norteamericano se apretó con el embargo de las exportaciones de cobre, en réplica a una nacionalización en la que Chile resolvió no indemnizar a las empresas expropiadas por haber obtenido ganancias excesivas, mientras la oposición de centro y derecha se reunió en una coalición contra Allende, y la izquierda más radicalizada comenzó a desbordar al Gobierno acusándolo de reformista. La lucha política se exacerbó.

El Gobierno socialista concitó una amplia adhesión de artistas e intelectuales. En los tres años de Allende, Chile vivió un destape cultural como nunca antes y Víctor Jara fue uno de los protagonistas. Hijo de inquilinos campesinos, conoció de la explotación y miseria en su infancia y juventud. Aprendió música por la intuición de su madre. Cuando ella falleció, viajó a Santiago a estudiar teatro. Como director teatral recibió premios de la crítica y la prensa por sus montajes e hizo giras por dos continentes.

Mientras estudiaba dramaturgia, comenzó a tocar y componer con el grupo Cuncumén. Después trabajó con la pléyade del folclor chileno: Quilapayún, Inti Illimani, Ángel e Isabel Parra, Patricio Manns, Rolando Alarcón. Violeta Parra, la autora del universal Gracias a la vida, fue una de las que descubrió tempranamente el talento de Jara como compositor e intérprete.

Militante comunista, Jara defendió a la Unidad Popular con su guitarra, hizo canciones de protesta, pero sus obras mayores, aquellas más sencillas e imperecederas, son las que brotan desde la tierra y de la pobreza de las barriadas periféricas de Santiago, las fuentes de su saber. Víctor creía que "la mejor escuela para el canto es la vida", recuerda su viuda, Joan Turner, en Un canto trunco, las memorias de Jara. Nombrado embajador cultural por Allende, prefería compadrear en una peña popular a los cócteles de diplomáticos.

Durante el paro de octubre de 1972, con el que la oposición quiso poner de rodillas al Gobierno, junto con decenas de miles de personas, Jara salió a realizar trabajos voluntarios para impedir que la economía se detuviera. En la vorágine escribió Manifiesto, su testamento musical: "Yo no canto por cantar / ni por tener buena voz, / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón".

Con la inflación desbocada, desabastecimiento y mercado negro, el transporte paralizado y con el mayor partido opositor, la Democracia Cristiana, cerrando las puertas al diálogo para encontrar una salida, a Allende casi no le quedan opciones, y muchos creen que un golpe militar es inminente. Resuelve que el martes 11 septiembre llamará a un plebiscito que decidirá si sigue o no en el poder. Enterados, los militares adelantan el golpe militar para ese martes.

El escenario que había escogido Allende para pronunciar este discurso que podría haber cambiado la historia es la sede de la UTE. Nunca llegó. Enterado de la sublevación militar, Allende acude con sus colaboradores más cercanos a La Moneda, a defender la democracia. Dispuestos a todo, los militares bombardean el palacio y Allende, que sólo saldrá sin vida de ese lugar, pide a los trabajadores que permanezcan en sus puestos, pero que no se dejen provocar, y anticipa en su lúcido discurso final que otras generaciones superarán ese momento.

En asambleas por facultad, la comunidad de la UTE resolvió permanecer en la sede universitaria, como pidió Allende. Entre ellos, Víctor Jara, que trabajaba en extensión en la universidad e iba a cantar en el acto de Allende. Habla dos veces por teléfono con Joan y cree que volverá a casa al día siguiente. Esa noche anima a los estudiantes en su último recital, mientras en todo Santiago suenan las balas de los militares.

Al día siguiente, los militares instalan un cañón frente a la universidad y disparan a la rectoría mientras un centenar de soldados vacía sus cargadores. No hay resistencia: estaban desarmados. Rompen puertas y cerrojos y toman prisioneros a los 600 que permanecían ahí.

El infierno está a un par de kilómetros, en el Estadio Chile, rebautizado en democracia como Estadio Víctor Jara. Ahí el cantautor queda tendido en el suelo. A un estudiante peruano que confunden con cubano le cortan una oreja con un cuchillo. A un profesor de ciencias sociales que llevaba pruebas recién corregidas de sus alumnos le piden las dos mejores notas, las entrega y lo obligan a que se coma las hojas. Los amenazan con barrerlos con "las sierras de Hitler", ametralladoras de gran calibre cuyas balas cortan los cuerpos. Un obrero grita: "¡Viva Allende!", y se arroja desde las graderías, muriendo desangrado. En el recinto caben apretadas 2.000 personas, pero hacinan a más de 5.000 prisioneros.

El Príncipe tiene visitas de oficiales y quiere exhibir a Jara. Un oficial de la Fuerza Aérea que está con un cigarrillo le pregunta a Jara si fuma. Con la cabeza, niega. "Ahora vas a fumar", advierte, y le arroja el cigarrillo. "¡Tómalo!", grita. Jara se estira tembloroso para recogerlo. "¡A ver si ahora vas a tocar la guitarra, comunista de mierda!", grita el oficial y pisotea las manos de Jara, relata Navia.

"Cuando llegaron más prisioneros y los soldados fueron a recibirlos, Víctor se quedó sin custodia. Entre varios lo arrastramos adonde estábamos y comenzamos a limpiar sus heridas. Llevaba casi dos días sin comida ni agua", dice Navia. Un detenido consigue que un soldado le regale un tesoro: un huevo crudo. Se lo dan a Jara. Con un fósforo, el cantautor perfora el huevo en ambos extremos y lo sorbe. "Nos dijo que así aprendió en su tierra a comer los huevos", recuerda.

A Jara le vuelven las energías. "Mi corazón late como campana", dice. Y habla, de Joan y sus hijas. Dos detenidos logran salir libres gracias a contactos. Varios escriben mensajes breves para que avisen a sus parientes de que están vivos. Víctor pide lápiz y papel. Navia le pasa una libreta pequeña de apuntes, que hoy conserva la Fundación Jara como pieza de museo. Escribe con dificultad sus últimos versos: "Canto que mal que sales / Cuando tengo que cantar espanto / Espanto como el que vivo / Espanto como el que muero".

Repentinamente, dos soldados lo toman y arrastran, y Jara alcanza a arrojar la libreta. Navia se queda con ella. Comienza una golpiza más brutal que las anteriores, a culatazos. Otros prisioneros lo verán con vida horas después. Un conscripto, José Paredes, confiesa 36 años después que jugaron a la ruleta rusa con Jara antes de acribillarlo en los subterráneos. Es el único procesado vivo en el caso. El otro, el jefe del recinto, el coronel Mario Manríquez, falleció. La primera autopsia, en 1973, revela 44 disparos. La nueva, en 2009, confirma que Jara murió por múltiples impactos. Pero Paredes se retracta de su confesión.

Al anochecer del sábado 15 de septiembre trasladan a los prisioneros del Estadio Chile al mayor recinto del país, el Estadio Nacional. "Al salir al foyer para irnos, vemos un espectáculo dantesco. Hay entre 30 y 40 cadáveres apilados, y dos de ellos están más cercanos. Todos están acribillados y tienen un aspecto fantasmagórico, cubiertos de polvo blanco, porque cerca estaban apilados unos sacos de cal para hacer reparaciones, que cubre sus rostros y seca la sangre. Reconozco a Víctor en primer lugar, y después al abogado y director de Prisiones Littré Quiroga", relata Navia.

A Jara le han quitado el chaquetón que otro prisionero le había pasado porque tenía frío. Esa noche, los soldados arrojan seis de estos cadáveres, Jara entre ellos, junto al Cementerio Metropolitano, en el acceso sur de Santiago. Una vecina reconoce al cantautor y avisa para que lo recojan. Cuando el cuerpo llega a la morgue, un trabajador de este servicio, que era comunista, también reconoce a Jara y avisa a su esposa Joan para que lo sepulte antes de que lo sepulten en una fosa común.

El cuerpo del cantautor está junto al de cientos de víctimas en un mesón de la morgue, al final de una fila de jóvenes. Sólo tres personas acompañan a Joan en el funeral semiclandestino que se celebró en el Cementerio General de Santiago, donde fue inhumado en un humilde nicho. Jara está en su cenit creativo, poco antes de cumplir 41 años, y quienes tronchan su vida no saben que lo están haciendo más universal, a él, pero también a ellos mismos.»

(TOMADO DE: http://www.elpais.com/articulo/cultura/muerte/lenta/Victor/Jara/elpepucul/20091205elpepucul_4/Tes)

IMAGEN de Google

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16/09/2011 14:45 Jorge Gomez Arias #. MÚSICA No hay comentarios. Comentar.

AFANES

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Ah, los días de la fatiga.

Uf, las horas del ajetreo.

Se olvidan las canciones,

se debe atender el momento.

Volar sin tener tiempo.

No poder detenerse

a contemplar el cielo

o a mirarse en el agua

que semeja un espejo.

Sólo hay tiempo para eL afán.

El afán que alcanza a la prisa,

la prisa corriendo

adelante del viento:

corre que te alcanzo

antes del disgusto,

antes que nos coja la noche

con el ceño fruncido,

el corazón arrugado

y el pensamiento con reproches.

O la palabra perdida

 en el disgusto,

en los sinsabores.

¡Uf! A pesar del ajetreo,

que lleguemos a la noche

con la estrella de la tarde

brillando en cielo

y alumbrando el sentimiento.

¡Ah! ¡Los días de la fatiga

que no se queden

sin un ratico para la alegría!

 

Noviembre del 92.

(Imagen en Google de Flickr.com)

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ÉMILE ZOLA: LA NOVELA DEL NATURALISMO

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“Escritor francés y fundador del movimiento naturalista. Zola nació en París, el 2 de abril de 1840, hijo de un ingeniero civil italiano. Tras la muerte de su padre, la familia vivió en la pobreza. Su primer trabajo fue el de empleado en una editorial. A partir de 1865 se ganó la vida escribiendo poemas, relatos y crítica de arte y literatura. Su primera novela importante, Thérèse Raquin (1867), es un detallado estudio psicológico del asesinato y la pasión. Más tarde, inspirado por los experimentos científicos sobre la herencia y el entorno, Zola decidió escribir una novela que ahondara en las profundidades de todos los aspectos de la vida humana, que documentara los males sociales, al margen de cualquier sensibilidad política. Asignó a esta nueva escuela de ficción literaria el nombre de naturalismo y escribió una serie de veinte novelas entre 1871 y 1893, bajo el título genérico de Les Rougon-Macquart, con el fin de ilustrar sus teorías a través de una saga familiar. Tras una ardua investigación produjo un sorprendente y completo retrato de la vida francesa, especialmente la parisina, de finales del siglo XIX. Sin embargo, fue calificado de obsceno y criticado por exagerar la criminalidad y el comportamiento a menudo patológico de las clases más desfavorecidas. Algunos de los libros que se ocupan de las cinco generaciones de la familia Rougon-Macquart, alcanzaron una gran popularidad. Entre las novelas de esta serie destacan La taberna (1877), un estudio sobre el alcoholismo; Nana, basada en la prostitución; Pot-bouille (1882), un análisis sobre las pretensiones de la clase media; Germinal (1885), un relato sobre las condiciones de vida de los mineros; La bestia humana (1890), una novela que analiza las tendencias homicidas; y El desastre (1892), un relato sobre la caída del Segundo Imperio. Estos libros, que el propio Zola consideraba documentos sociales, influyeron enormemente en el desarrollo de la novela naturalista. Sus obras posteriores, escritas a partir de 1893, son menos objetivas, más evangelizantes y, en consecuencia, menos logradas como novelas. Entre éstas figura la serie Las tres ciudades (3 volúmenes, 1894-1898), que incluye Lourdes (1894), Roma (1896) y París (1898). Zola escribió también varios libros de crítica literaria en los que ataca a sus enemigos, los escritores románticos. El mejor de sus escritos críticos es el ensayo La novela experimental (1880) y la colección de ensayos Los novelistas naturalistas (1881). En enero de 1898 Zola se vio envuelto en el caso Dreyfus, cuando escribió una carta abierta que se publicó en el diario parisino L'Aurore. Es la famosa carta conocida como 'J'accuse' ('Yo acuso'), en la que Zola arremete contra las autoridades francesas por perseguir al oficial de artillería judío Alfred Dreyfus, acusado de traición. Tras la publicación de esta carta, Zola fue desterrado a Inglaterra durante un año. Murió en París, el 29 de septiembre de 1902, intoxicado por el monóxido de carbono que producía una chimenea en mal estado.

(Tomado de http://www.epdlp.com/escritor)

Imagen de Wikipedia: Retrato de Émile Zola por Edouard Manet


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30/09/2011 14:20 Jorge Gomez Arias #. LOS OLVIDADOS No hay comentarios. Comentar.